Primer día

Ayer fue un día normal en cuarentena por la pandemia, aburrimiento, aburrimiento y si, mas aburrimiento, sin embargo al caer la noche el ambiente se tornó extraño, las energías de mi barrio cambiaron radicalmente, no es que yo esté muy pendiente de esos temas pero, era tan palpable como el agua en una alberca, de inmediato supe que no sería una noche normal pero nada me habría preparado para lo que me esperaba...

A eso de las 11.00 p.m. ya me había aburrido de ver películas viejas en Netflix, pero no te confundas, no es que estuviese manteniendo la vigilia para averiguar si algo pasaría, solamente que, con dios sabe cuantas semanas de encierro, mi ciclo de sueño está tan descompuesto que simplemente no me puedo dormir a una hora decente, solo me limité a ignorar la sensación y entretenerme como pudiera, pero ya estoy divagando....

¿En que me quede? Oh, cierto, las películas viejas, pues si, me aburrí y apagué la TV, empecé mi rutina nocturna, la cual básicamente consiste en husmear en Facebook, TikTok, YouTube, jugar Need For Speed hasta acabarme la gasolina y los pases y por último e igual de inútil que lo anterior, contemplar el abismo, y bueno, un poco de música noventera de fondo nunca cae mal.

Así permanecí no se cuánto tiempo perdiéndome en la inmensidad del techo oscuro de mi habitación, divagando en la inmortalidad del cangrejo mientras sin darme cuenta me deslizaba en un vórtice de espacio tiempo que me llevaba a algún lugar indeterminado.

¿Recuerdas la película de Coraline? Pues ojalá hubiera aparecido allí, por que lo que me esperaba en ese sitio indeterminado era mucho peorde lo que pudiera haber imaginado, era una especie de dimensión alterna en la que todo era igual pero a la vez era diferente, se que suena ridículo pero en ese momento era la única definición que se me ocurría.

En mi cabeza giraban un montón de imágenes, sonidos, olores y texturas que podrían confundirse con recuerdos, si no fuera por que nunca me pasaron a mí, las emociones eran tan intensas que mi confusión de ese instante era exponencial que se convertía en una desorientación equivalente a una persona que padece de sus facultades mentales, tenía que recordarme quién era yo y rememorar todo lo que pudiera en secuencia.

Pasó un tiempo considerable hasta que pude poner mis pensamientos en orden, no se con certeza cuanto tiempo transcurrió pero puedo jurar que no fue tanto, a pedar de que cuando logré ser consciente de mi propia existencia nuevamente, el sol estaba en todo lo alto, parpadee varias veces tratando de aclarar la vista, la última vez que había visto la hora eran las 11:00 y ¿ahora era medio día? eso significaba que ¿había permanecido inmóvil 13 horas sin darme cuenta?

Imposible, pero, eso dejaba solamente una explicación la cual era todo menos razonable, 13 horas de tiempo habían desaparecido en un abrir y cerrar de ojos. Traté de vomparar cual de las dos alternayivas parecía menos loca, pero fracasé miserablemente asi que sin otra alternativa respiré con frustración, mientras me rascaba la cabeza como si con ello se me fueran a revelar todas las respuestas hasta regularizar mi frecuencia cardiaca.

Me levanté de la cama y caminé hacia el baño, para lavarme la cara, abrí la llave y oh sorpresa, el agua normalmente transparente tenía un color azul verdoso, sutil, bonito, como agua de alguna laguna paradisíaca, al principio me sorprendí pero por alguna razón mi mente decidió restarle importancia a la imposibilidad de tan cosa para limitarse a disfrutar el color y la textura levemente espesa que tenía, haciendo un pequeño paréntesis, ahora que recuerdo todo esto me doy cuenta que en esos momentos algo nublaba mi juicio, pues, ¿quien tomaría con tanta normalidad el lavarse la cara con agua que parece atole?

En fin, te sigo contando, una vez que creí tener la cara lavada, me inundó una tranquilidad inmensa, como nunca en mi vida he experimentado, un viento cálido pero a la vez fresco proveniente de quién sabe dónde me acariciaba la piel del rostro, salí del baño y pasee por la casa, en busca de mis familiares y mis gatos, busque en la mi habitación, en la de mi madre y nada, bajé y busqué en el otro baño, la sala, la cocina, el patio trasero y nada, me empezó a invadir una preocupación potenciada al millón, no habría nadie, no había nada de lo que debería estar, ese no era mi mundo, me dispuse a salir a la calle cual gachupina desgobernada sin siquiera verificar mi atuendo, (compréndeme era un ataque de pánico), salí al patio delantero esperando encontrarme con mis perros pero sabiendo que no estarían ahí, efectivamente no estaban, cuando abrí la reja me invadió una fragancia de flores y una claridad rojiza que me obligó a cerrar los ojos mientras inhalaba, provocando que mis sentidos se inundaran de tan bella fragancia, una combinación entre rosas y gardenias, delicioso, olía a amor, a ternura, a cariño.

Abrí los ojos y el paisaje era tan soso como de costumbre, la vieja cabaña del vecino desconocido de enfrente, el puente destartalado, las casas horrendas de los demás vecinos creen tener buen gusto en decoración, pero con un resplandor rojizo proveniente del sol, un rojizo tirando a magenta, como si el mismo dios aburrido en su magnificencia hubiera creído que sería divertido jugar con el balance de blancos.

Todo lo comúnmente horrendo de mi mundo habitual se veía tan bonito, tan pacifico, que me relajaba automáticamente, seguí caminado por las calle vacías del barrio, disfrutando la rareza del sol rojo en mi cara y el aroma a rosas y gardenias. Las tiendas estaban abiertas pero no se veía absolutamente nadie al interior, los vehículos estacionados y encendidos en la calle como si los hubieran dejando de manera apresurada. 

El perfume de flores comenzaba a desvanecerse dándome de nuevo algo de control sobre mis acciones, devolviendome medianamente la capacidad de razonar el por que de las cosas, o al menos cuestionarlo, el sol seguía siendo rojo, como un video juego mal programado, los vehículos tenían en cofre caliente como si llevaran mucho tiempo encendidos pero estaban cubiertos de polvo como si llevaran semanas sin moverse, entré a un par de comercios, todos los aparatos electrónicos encendidos, refrigeradores, basculas, bocinas, televisores, computadoras, hasta cajas registradoras, pero todo lleno de polvo, evidentemente no habían sido usados en mucho tiempo.

Solo por curiosidad me salté el mostrador de un mini mercado y abrí la caja registradora, a la vista pude ver cerca de $900 divididos en billetes y monedas de diferentes denominaciones, fruncí el ceño y cerré el cajón dejándolo como estaba, la garganta se me secó al instante, y como ya estaba en una tienda fui a los refrigeradores y tomé una botella de refresco y honrando mis ayeresde haber trabajado a cargo de una registradora escanee el refresco y dejé en el cajón el importe requerido. Abrí la botella y le di el trago mas grande que pude, de esos que sientes las burbujas frías picar en tu garganta y te hacen llorar los ojos, cuando logré tragar se me iluminó la mente, con una sonrisa casi maníaca volví a revisar la registradora pero esta vez al historial de ventas, busqué y logré encontrar la última transacción cuando por fín encontré la informción que quería me quedé de piedra,  según el monitor la última vez que un humano había pasado por ahí tenía fecha de exactamente un mes atrás.

Continuará...

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